
Raifi Genao te trae esta impactante y casi desconocida petición de éste héroe independentista, no dejes de leerla, de seguro te asombrarás !!
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En la mañana del 11 de abril de 1855, un penoso cortejo de condenados a muerte, escoltado celosamente por un batallón de soldados regulares y observados a discreción desde la retaguardia por una abigarrada multitud de curiosos, llegaba en silencio al cementerio municipal de El Seibo.
Aquel había sido el lugar escogido por las autoridades para darle cumplimiento a la sentencia emitida tres días antes contra ellos por un tribunal militar, encabezado por el general Juan Rosa Herrera y el coronel Eugenio Miches, a instancias del entonces presidente, general Pedro Santana. El grupo era apenas una parte del amplio contingente de dominicanos que, imputados de conspiración contra el régimen de terror impuesto por Santana, habían sido detenidos entre febrero y marzo de 1855.
(La develada conjura había sido auspiciada por el ex presidente Buenaventura Báez desde su exilio en Saint-Thomas, pero la mayoría de los dominicanos de ideas progresistas se habían sumado a ella con el objeto contribuir a enderezar el tortuoso derrotero que había tomado la república desde 1853 en manos de Santana).
En aquel infeliz desfile de sentenciados que arribaba a las afueras del cementerio seibano, unos cabizbajos y otros con la mirada perdida en el horizonte de cruces que se levantaba a la distancia, se destacaba la figura serena y altiva de un hombre de rostro curtido, mediana edad y estatura procera: era el general Antonio Duvergé, popularmente conocido como “Bois” (pronunciado “Buá”), antiguo jefe del legendario ejército dominicano del sur y uno de los más descollantes héroes de las jornadas independentistas criollas frente a Haití.
Duvergé, quien había sido confinado a El Seibo tras salir absuelto en el proceso que Santana le armara en 1849, debió ocultarse cuando la mencionada conspiración fue descubierta, y luego de una persecución tenaz y violenta fue apresado en su escondite como resultado de una infidencia cuyo origen aún se discute.
Era de general conocimiento que Duvergé, cuya vida de soldado se inició en los días primigenios de la independencia, gracias a su acendrado espíritu patriótico, su valor espartano y su pericia en el arte de la guerra -galvanizados al calor de la guerra a muerte contra el invasor haitiano-, había ascendido paulatinamente entre sus pares hasta terminar convertido en una de las más importantes figuras militares de la naciente República Dominicana.
Fue Duvergé, en efecto, el comandante victorioso que durante años frenó las hordas invasoras en las agrestes tierras de la frontera sur -especialmente en Comendador, Las Matas de Farfán y San Juan de la Maguana- y el caudillo nacionalista que se alzó con la victoria en los heroicos combates de El Memiso (abril de 1844), Cachimán (diciembre de 1844, y junio y julio de 1845) y El Número (abril 1849). Sus hazañas militares en esta zona durante casi siete años hicieron que uno de sus más ilustres biógrafos lo denominara, con justa razón, “el centinela de frontera”.
El tribunal militar que lo juzgó, como ya se ha reseñado, condenó a Duvergé a la pena capital, y fue tratado con tanta saña que ni siquiera sus hijos quedaron a salvo: Alcides, un jovencito de apenas 22 años, y Daniel, adolescente menor de edad, fueron sentenciados a la misma pena -siendo prorrogado el cumplimiento de la decisión con respecto a este último hasta que cumpliera 21 años-, y Tomás -de 11 años- y Nicanor -de 9 años- resultaron sentenciados a la pena de confinamiento en Samaná.
Aquel fatídico día de primavera, miércoles posterior a la Semana Santa de 1855, impelidos por el vozarrón de mando del comandante y las amenazas de los soldados bayonetas en ristre, los condenados empezaron a formarse a un lado de la amplia pared del camposanto, y luego del anuncio de rigor se procedió, con la rudeza que es propia del comportamiento castrense, a despojar deshonrosamente de sus insignias a los convictos que eran portadores de rangos militares.
Luego de concluir esa odiosa ceremonia de degradación y humillación, también tras la orden al efecto de oficial comandante de las tropas, se iniciaron los preparativos para el proceso de fusilamiento, uno a uno, de aquellos patriotas que, debido a sus manifestaciones por un mejor destino para la patria o simplemente en virtud de asechanzas políticas o personales, habían caído bajo las botas implacables del general Santana y sus incondicionales.
Un soldado avanzó entonces hacia la pared del cementerio y, situándose a unos metros de ella, con la punta de su bayoneta dibujó en el suelo una equis para señalar el sitio exacto donde debía ser colocado cada uno de los hombres que iban a ser pasados por las armas. Un rancio olor a muerte se sentía en el ambiente, y tanto la mayoría de los uniformados como los civiles curiosos que estaban situados a prudente distancia del teatro de los hechos eran presas de un mutismo sepulcral.
En el momento en que el jefe de los soldados procedía a ordenar la presentación ante el pelotón de fusilamiento del primer condenado, todos los presentes se sorprendieron al ver que el general Duvergé, con mirada apremiante, le hacía con su mano derecha un firme gesto de llamado a aquel. Aunque nadie osó romper la fúnebre mudez que reinaba en el ambiente, muchos se cuestionaron interiormente por el extraño acto del gran patriota y líder militar. “Parece que Bois se está cagando del miedo”, susurró un desaprensivo.
El oficial comandante, sin ocultar su desagrado por la interrupción de que había sido objeto por parte del general Duvergé, obtemperó de mala gana al llamado, y avanzó con paso marcial y aire de arrogancia hacia el lugar donde él se encontraba. Tras escuchar algunas palabras pronunciadas por el condenado, el oficial pareció quedar momentáneamente paralizado. Se le vio turbado, como si no pudiera dar crédito a lo que había escuchado. “Tiene usted que complacerme -se oyó decir a Duvergé con voz estentórea-. Es el último deseo de un condenado”.
Algunos segundos después, ya repuesto del efecto que le causaron las palabras del general pero con el rostro visiblemente desencajado y el pecho probablemente henchido de conmiseración, el oficial ordenó que llevaran de inmediato al patíbulo a un jovenzuelo de mirada tímida, piel acanelada y contextura media: se trataba de Alcides, el hijo de 22 años de Duvergé que, como ya se señaló, había sido condenado junto con él. En medio de la expectación general, dos soldados se adelantaron para darle cumplimiento a la orden.
El muchacho, virtualmente arrastrado hacia el cadalso, estalló en sollozos mientras se alejaba con mirada anhelante de su padre, y minutos después el plomo graneado del pelotón de fusilamiento caía letalmente sobre su joven anatomía. El general Duvergé tuvo el valor de verlo retorcerse ante el impacto de los proyectiles, pero no pudo sostener la mirada cuando lo vio desplomarse, exánime, sobre el suelo polvoriento. Dos gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas ajadas.
Cuando llegó su turno, el general Duvergé se negó a que los soldados lo llevaran de brazos, como se estilaba en la época, y caminó calmadamente hacia el lugar en donde se encararía con la muerte. Una vez frente al pelotón de fusilamiento, el insigne patriota levantó los hombros, miró altivamente hacia sus ejecutores y grito: “Estoy listo”. Entonces se escuchó la voz de mando ordenando disparar. Duvergé, impactado por el fuego de los ejecutores, cayó lentamente al suelo, con el pecho destrozado.
Al concluir el macabro acto de administración de la pena capital, uno de los presentes se acercó al oficial que lo dirigió y, entre mordaz y curioso, le preguntó: “Comandante, respetuosamente, ¿y qué fue lo que le dijo el general Duvergé que usted se puso blanquito?” La respuesta del oficial, ofrecida con un dejo de emoción que resultó perceptible a pesar del tono cortante de su voz, causó estupefacción en todos los asistentes:
-Me pidió como último deseo que:
¨ Fusiláramos primero a su hijo para evitarle el dolor de ver morir su padre. ¨
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Por: Arq.Raifi Genao
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Escritos de : Luis Decamps-Archivo General de La nación
Junio 22, 2009 at 1:48 PM
cuanto valor en una sola persona. Hacen falta mucho de esos hombres aqui .
Junio 26, 2009 at 12:37 PM
Da pena tener que soportar que la historia tenga a Santana como un heroe. Da asco que un pueblo nuestro se llame Pedro Santana y da pena que consideremos a Santana como heroe nacional. Santana esta a la misma altura de Trujillo.
Julio 3, 2009 at 10:22 AM
Señor Arquitecto RAIFI GENAO;
Consumo placer, me gustaría y para deleite de sus admiradores, el cooperar con algo de nuestra historia pasada, deseando de todo corazón que lleguemos a serle útil a esta juventud, que desconoce que somos, como surgimos como nación y los altibajos para sostenernos…….
Ahora voy con su artículo: después de la desaparación de los grandes hombres dela historia, lo que se desarrolla a partir de ahí es el desenfreno, l;a avarixcía, el desorden y el abuso, Desde la fundacióbn del muyndo hemos visto como el ser humano se alínea por grupos sea buscando su protección o para sacar beneficios. Como los que tiran la piedra y esconden la mano para pescar en mal revuelto y lo que ha pasado despué de lograr sus metas.
No quisiera abundar en la historias mundiales pasadas porque abusaría de su bodad al permitirme penetrar en su selectivo grupo de “me imagino:” de amigos.
Pero siquisiera seguir compartienddo con usted las conclusiones que tengo con respecto a nuestra historia. Se que no llegaremos a un acuerdo total, pero al menos haremos el intento y nos servirá, eso creo Yo de entretención y quizás de interés para los lectores.
Siempre ha exiostido y lo habrá, partidarios de un bando y del otro, y las pasiones nos mantendrán dividiso, hasta que aprendamos a recoinocer como digo Yo “CUANDO EL TRIUNFADOR RECONOZCA LOS MERITOS DEL PERDEDOR, HABREMOS GANADO LA PAZ”…rmp.
Con el tiempo y viendo lo que somos, llegaremos a la conclusión de q
Julio 3, 2009 at 10:59 AM
que no hay perfeccionalismos pero si “CIRCUNSTANCIAS”,y como siempre la guerra la gana el capitán nunca los soldados….YA ENTRAREMOS EN LA GUERRA DE ABRIL DE 1965.
Creo que a mis 73 años de edad, la vida me ha dado un gran regalo, el conocerle aunque sea por escritos, porque no tenemos cabida en la juventud, que cree que todo lo sabe. Cuente con mis amistad y le felicito por su vehemencia y exposición de su narrativa y de su artículo novelezco y casi real del general ANTONIO DUVERGE.
Ahora para usted: Mientras observa Duvergé los pasos de su hijo hacia el pelotón de fusilamiento le vociferó casi en forma vulgar:
..!FUTRE!… Que me imagino que no era otra cosa que “Párece erguido Carajo!…
Y Alcides levantó la cabeza y clavó los ojos hacia su padre. Y sonó la descarga!..No autorizada por el general Santana, sino por lo que llevaban la orden de ejecutarla.
Continuaremos, dilecto amigo si así le puedo llamar?……….
Servidor Suyo.
RMP……
Respuesta:Gracias Sr Michel por escribir, es para mí un verdadero honor recibir correspondencia suya y saber un poco de sus conocimientos y vivencias, me puede considerar un amigo.
Julio 3, 2009 at 11:17 AM
Señor Arquitecto lamento infinitamente que por problemas inesperados la primera parte de mi comentario, y por el toque de una tecla, haya sido enviado sin corregirse, favor a los lectores, NO ME CAIGAN ENCIMA, A CUALQUERA LE PASA Y MAS CUANDO LAS NUERONAS POR LOS AÑOS NO RESPONDEN CON AGILIDAD!…..
GRACIAS.
LEER:
Con sumo placer
su artículo; Después
de la historia
desenfreno, la
avaricia
fundación del mundo
pasado después
bondad de permitirme
Pero si quisiera
siempre ha existido
mantendrán dividos
a reconocer
Diciembre 15, 2009 at 1:06 PM
senor Raifi Genao le escribo por que tengo una foto que no posee original de trujillo junto a su hija angelita si le interesa puede escribirme a miguelleonardo66@hotmail.com
Gracias
Diciembre 27, 2009 at 2:58 AM
Estimado señor Genao:
Estoy de acuerdo con un comentario expuesto por el señor peña que aunque este articulo hace referencia al prócer Antonio Duvergé, anécdota muy interesante que muestra a un hombre dígno hasta en la hora de su muerte.Conducta gallarda y viril, pero no es menos cierto que es casi imposible no poner aquí unas líneas para siempre comentar sobre Pedro Santana amalgama de gloria y miseria más lo último que lo primero y que si bien fue el Héroe de la batalla de las carreras y otras para lograr y consolidar nuestra independencia borró todo el brillo de sus hazañas durante sus gobiernos erigíendose caudillo, desterrando a lo mas puro e inspirador de nuestra independencia Juan pablo duarte a cruel e injusto exilio, asesinando a figuras notables que por no coincidir politicamente con él era esto razón para someterlos a martirio y como si fuera poco anexar nuestra república el nefasto día 18 de marzo de 1861 a España.
Que como todos conocemos llevó más adelante a la guerra patria por la restauración de la república con el grito de capotillo el 16 de agosto de 1863.Haciendo un balance rápido da pena entonces que algunos todavía quieran encumbrar esta figura historica y no lo traten como terminó siendo no mas que un traidor de la patria.
Gracias una vez más señor Genao por permitirnos abusar de su espacio pero en el que se establecen criterios e intercambios que me parecen beneficiosos en la búsqueda y difusion de la verdad histórica.
Emil A. Moronta Soriano.
Respuesta: Gracias Sr Moronta por su comentario, existe en este blog un artículo sobre Pedro Santana, me gustaría pueda usted leerlo.