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 Se presentó delante de Santo Domingo con 20 barcos y 8.000 hombres. Nada pudieron hacer los españoles por defenderse con 500 arcabuceros, cien soldados de caballería y una escasa milicia nativa, aquel
pirata bajito, tormentoso y malencarado -debido a una cicatriz que le causó una flecha en sus años de negrero en Africa- tomó la ciudad con cierta facilidad. . Colocó su cuartel general en la catedral, después de destrozarla y saquear los altares, imágenes y lápidas en busca de todo lo que brillara, mientras los detenidos se amontonaban en la cripta. Un marinero inglés describió esta escena: “Quemamos todas la imágenes de madera. Destruimos todo lo que existía en el interior de las iglesias y encontramos muchas vajillas, monedas y perlas escondidas”. Ordenó que en el cementerio, situado en la actual plaza de los Curas, fueran removidas las tumbas por si algunas ocultaban objetos de valor. En la cercana Casa del Cordón instaló una balanza para pesar la cantidad exacta de oro y joyas que cada ciudadano debía entregar hasta completar la cantidad de 25.000 ducados. Este era el precio que él había exigido -a todas luces imposible de pagar- para no arrasar la ciudad y matar a sus habitantes. Las guías y libros anglófonos narran que fueron colgados o pasados por las armas “algunos oficiales españoles”. No hablan de los numerosos muertos causados en la población civil -entre ellos, Francisco Tostado, primer profesor nativo de la universidad dominicana- y olvidan la crueldad de Drake incluso con sus propios hombres. Si alguien de su tripulación robaba o escondía la más mínima parte del botín, le cortaba una mano; si mataba, se le ataba junto al muerto y ambos eran arrojados al mar; si era sospechoso de rebeldía, se le cortaban brazos y pies, se le untaba la cabeza con miel y se le dejaba en una playa abandonada. Esa era su ley. La lista de edificios monumentales que resultaron dañados o destruidos es extensa: entre otros, el hospital San Nicolás de Bari, fundado en 1503 gracias a una española piadosa que asistía a los enfermos en su propio bohío; el convento de los Dominicos, con representaciones de dioses paganos similares a los de Medina de Rioseco y la Universidad de Salamanca; el monasterio de San Francisco de Asís, levantado en 1508; las Casas Reales, formadas por el palacio de los Gobernadores y la Real Audiencia; y templos como los de Santa Bárbara, Regina Angelorum, Nuestra Señora del Carmen, de las Mercedes, Santa Clara o la ermita de San Miguel; en resumen: todas las iglesias… Drake no derribó los quince fuertes que rodean la ciudad, tal vez por si algún día debía protegerse en ellos.

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Por: Arq. Raifi Genao

 

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